Arquitectura Mestiza, Eugenio Ortúzar y Tania Gebauer

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La pareja de arquitectos establecida en Chiloé ha logrado entrelazar líneas contemporáneas con las propias de la zona, revalorizando barrios y demostrando que la arquitectura, más allá de lo formal, puede tener una labor transformadora.

Pequeños hoteles que acogen a turistas de distintos rincones del mundo, añosas familias que han pasado toda su vida en Chiloé, una joven pareja de arquitectos que abandonó Santiago y que ha desarrollado casi el 100 por ciento de su obra en la zona. Todos conviven en el mismo lugar, todos habitan estas casas construidas sobre altos pilares de madera, esos emblemáticos palafitos, viviendas que nacieron como “tomas” y que por mucho tiempo fueron considerados como parte de barriadas pobres. Hoy en cambio, son importante patrimonio del lugar y los que han sido renovados dan cuenta de cómo la arquitectura va más allá de lo concreto y lo formal, y logra revalorizar y cambiar percepciones.

La pareja de arquitectos formada por Eugenio Ortúzar y Tania Gebauer está detrás de un porcentaje importante de esta renovación del Barrio Pedro Montt. El Café & Hotel Patio Palafito, el Hotel boutique Palafito del Mar, el Palacito Apart Hotel y el Palafito Sur Hostel, hoy su casa; son de su autoría. A estas obras se suman, casas emplazadas en otros sectores de Chiloé.

Todas estas construcciones se reunen en el libro, recientemente editado por la Univeridad del Desarrollo, donde ambos estudiaron; “Trayectoria 01: Orígen & Chiloé / Ortuzar + Gebauer Arquitectos”, un compendio que da cuenta de su labor, entrega y finalmente pasión por un lugar que los conquistó y que los ha llevado a manejar su oficina desde allá.

La decisión de instalarse definitivamente se dio de manera natural, Eugenio hacía clases en la Universidad del Desarrollo en Santiago y en la Universidad Arcis en Castro, además de construir un proyecto; y Tania comenzó a viajar una vez por mes. Pasó el tiempo y armaron su cabaña en el campo, lo que les sirvió para conocer la zona desde el mundo rural, desde una situación cultural. “Eso fue cautivante y motivador, lo que de manera espontánea nos estableció acá y nos abrió un espacio en nuestro oficio”, explica Tania.

Desde entonces, la experiencia de manejar una oficina desde Chiloé se ha transformado en algo muy natural.

De todas formas, el vivir allá, ha condicionado su manera de aproximarse a la arquitectura. No hay dudas de que la “lugaridad” es clave en su trabajo. “Para nosotros la arquitectura se ha ido definiendo en 6 puntos ineludibles: el cliente y sus requerimientos, la cultura, la geografía, el clima, la sustentabilidad y una idea detonante y clara. Estos 6 puntos en Chiloé, se expresan, el medio y su entorno lo demandan. Uno tiene el deber de leerlos. Son ley en nuestro trabajo. Hoy el mundo es cada vez más transversal, creemos importante imprimir la condición de lugar o en todas sus variables”, recalca Gebauer.

Por lo mismo, no le gusta hablar de algún “sello” particular de la oficina. “No sé si lo tenemos, quizás una manera de mirar, ver y partir desde el ser humano, sus actos, como vive. Después su envolvente, su imagen, su impronta. Hoy en día todo es imagen, y la arquitectura muchas veces nace desde de ahí, de lo que quiere ser, antes de a quién debe acoger. Nuestros diseños se piensan desde el habitar, pensamos la obra desde su interior, y como este habitar se relaciona con su entorno, clima, asoleamiento, etc. El ahorro energético, el ahorro de materiales y la obra en su justo valor es algo que nos interesa. Construimos con lo que hay, con la gente del lugar.

-¿Cómo ha influido la arquitectura vernácula de Chiloé en su obra? ¿Es posible respetarla y al mismo tiempo imprimir su sello personal?

-Claro que sí, la arquitectura en Chiloé se caracteriza por ser una arquitectura mestiza, sincrética, que va cambiando a lo largo de los años, pero siempre teniendo una combinación de lo existente con lo nuevo.

-Con los proyectos desarrollados en los palafitos del Barrio Pedro Montt se produjo un cambio en la valorización del sector. ¿Se buscaba eso desde un comienzo?

-El inicio fue solo impresión. Cuando estudiaba arquitectura viajaba a dibujar los palafitos y los vendía en la plaza de armas para costear el viaje. Cuando nos llamaron, en ese entonces unos clientes, hoy en día, grandes amigos, me reencontré con ese recordado barrio. Nuestra impresión al ver el barrio fue indescriptible. No podíamos creer que ese viejo barrio, diez años después seguía peor y más deteriorado que antes, siendo que su imagen cultural era de identidad país, era incomprensible su estado.

La fortuna de ese encargo, y de tener la posibilidad de nosotros como familia trabajar, vivir y emprender ahí, nos entregó una energía gigante que nos comprometió con el barrio, pudimos armar cuatro proyectos con distintos usos y sin duda el barrio cambió. La gente revaloró su barrio, su palafito, el estado entregó un subsidio para mejorar sus casas y hoy tiene otra cara: colorida, querida y turística. Es un barrio divertido en donde conviven múltiples culturas; del puerto, vecinos, pescadores, de los turistas del mundo, y de nosotros, los nuevos vecinos.

-¿Qué futuro ves en el sector y específicamente qué crees debería pasar con los palafitos que ahí existen?

-Como todo que se comienza a desarrollar, existe un interés y valor, despierta la especulación. Ahí creemos que el espíritu inicial cambia.

El colegio de arquitectos de la delegación Chiloé, de donde somos parte, ha trabajo intensamente en crear una ordenanza regulatoria en la intervención de palafitos, para ser presentada a las autoridades locales. Esta propone que estos barrios de palafitos puedan ser zonas típicas y puedan obtener algún tipo de protección y fondos para su mantención. Esto último es determinante para la permanencia de los antiguos vecinos. El Estado debe colaborar en su mantención, de otro modo deben vender, porque no tienen recursos para mantenerlos. Esperamos que las autoridades locales acojan de buena manera este material, y apoyen esta iniciativa que con mucha vocación se está realizando por el bien de este patrimonio.

“Las políticas sobre patrimonio son nefastas”

-En la actualidad se espera la pronta construcción del puente sobre el Canal de Chacao. ¿Qué ventajas crees traerá para la isla? ¿Cómo puede repercutir esta nueva conectividad?

-El puente, es un puente político, no nació de necesidades y urgencias al interior de la provincia, me refiero a la isla grande y el archipiélago el cual tiene más de cuarenta islas menores. Seguramente va a ir mucha gente a conocer el o uno de los puentes más importante de América Latina. Es un despropósito y, como leí en una columna, el reflejo de un país subdesarrollado con aires de grandeza que no sabe introducir sus recursos en virtud y para su población.

Chiloé es un territorio frágil, con una infinita lista de prioridades importantes y determinantes para su verdadero adelanto, más que traer empresas depredadoras a través de un puente como lo ha sido la salmonicultura y la explotación del bosque nativo sin ningún tipo de regulación. La gente de Chiloé necesita caminos, conectividad en las islas, cientos proyectos de agua potable, electrificación, y para que hablar de educación y salud. La gente se muere en los pasillos de los hospitales, en Ancud y Quellón, y la solución no es un puente para que puedan ir de urgencia a Puerto Montt.

-Tras la polémica por la construcción y emplazamiento del mall, no sucedió mucho y el centro comercial está pronto a inaugurarse. ¿Se han tomado medidas para que algo así no vuelva a ocurrir?

-Como país, la palabra urbanismo es muy nueva, muy lejana, está asociado a “cacho”, a que te piden trámites en la municipalidad. Somos ignorantes sobre el cómo se debe hacer ciudad. Por otra parte se ha instalado en nuestro país la mentalidad del libre mercado, del consumismo y la falta de valores. Estos factores están destruyendo nuestras ciudades, Castro no es la única, y quizás tampoco sea el último adefesio que se construya sin ningún tipo de regulación en Chiloé, es cosa de darse una vuelta por Puerto Montt, Chillan, San Antonio, Antofagasta, etc… En fin, en todo Chile.

Mientras nuestras autoridades sean permisivas, indolentes e iletradas respecto al valor y la importancia de la ciudad, esto no va a parar. Es parte de nuestro tema actual sobre la educación. Las ciudades son un libro abierto y nos cuentan sobre quiénes somos y queremos, ahí está nuestra sociedad.

-¿Cómo se puede contribuir con el desarrollo de la zona sin pasar a llevar su tradición arquitectónica?

-Educación, formación, es igual a conciencia. ¿Cómo puede ser que en una marcha en donde se exige educación se destruya la ciudad? Ahí está el problema, en el acto mismo de destruir lo que te pertenece.

Por otra parte las políticas sobre patrimonio son nefastas y al final del día producen todo lo contrario, “destruir el patrimonio”, lleno de vacíos legales y lleno de papeleos que las misma autoridad no sabe para qué te los solicita, pero los solicita. Llega a ser divertido.

Pero la mentalidad está cambiando, las nuevas generaciones lo están entendiendo, es como la ecología.

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